Vaivenes

Una cama, una sonrisa
dos amantes, sin salida
tres noches, una escapada
cuatro lunas, de cenizas
diez sombras, entre vaivenes
veinte, rebelión armada
cuarenta, mas no amanece.

Jonathan Estrella

Nunca dejes de soñar

Nunca dejes de soñar,
por favor no lo hagas nunca,
aunque las aguas te quemen,
aunque el vino amargo torne,
aunque las rocas se espanten,
aunque el viento mismo sangre,
aunque el sol sus rayos hiele
y la luna se suicide.

Nunca dejes de soñar,
por favor no lo hagas nunca,
aunque tu voz agonice,
aunque tus ojos se nublen,
aunque tus pasos se arrastren,
aunque tu corazón llore,
aunque tu alma más no brille
y tu mundo Hades devore.

Nunca dejes de soñar,
por favor no lo hagas nunca,
que tu pausa sea arrojo
y tus ruinas resiliencia:
por favor nunca te rindas,
por favor nunca sucumbas…

Esto llamado hoy real,
este presente tan cierto,
indiscutible y tangible
(unas veces tan perverso
y otras veces tan radiante,
pero siempre fascinante)
es producto de esos sueños
insistentes y obstinados,
negados a atrás marchar
y habitar el frío olvido.

Nunca dejes de soñar,
por favor no lo hagas nunca.

Jonathan Estrella

Poema de la musa insomne

Que límpida estás, allá en las alturas
¡oh eterna musa insomne!
con tus hebras de plata desvelada
revelándole a mis ojos de Sísifo
el sortilegio ancestral de las sombras.

Tanta es la hegemonía de monarca
que esta noche testaruda irradias
que no sé más si sigo aquí conmigo
o convertido en súbdito incansable
me fui por siempre a vagar contigo.

La ciudad antes ruidosa y ostentosa
ahora tan distante y taciturna
con grácil vuelo de alas recién nacidas
busca el nirvana prometido del profeta.

Y mientras tanto, un niche grupo
cuasi silente nombra las gotas de lluvia
que ya no caen, pero tu luz refleja
cual alfombra de nieve sobre el pavimento
y mi pecho…

Y de repente te escondes
y mis luceros cansados intentan suicidarse
porque sin tu luz ya no son más que lagunas
petrificadas por el gélido viento de las tinieblas.

A mi espalda el viento te nombra mil veces
y los felinos inventan otras mil voces humanas
que reclaman con impaciencia el infinito renacer
del centelleante sabor azul de tu semblante.

¡Resiste! ¡oh musa insomne! ¡resiste!
a este maldito ataque de gases plomizos
anunciante execrable de que volverá la lluvia
a caer sobre el pavimento fértil de angustias
y mi corazón…

Jonathan Estrella

Sobre el arte de un escritor (Por Eduardo Galeano)

El mío ha sido un largo camino hacia el desnudamiento de la palabra: desde las primeras tentativas de escribir, cuando era jovencito en una prosa abigarrada, llena de palabras que hoy me dan vergüenza, hasta llegar a un lenguaje que yo quisiera que fuera cada vez más claro, sencillo, y por lo tanto más complejo, porque la sencillez es la hija de una complejidad de creación que no se nota ni tiene que notarse.

Uno siente primero que el trabajo intelectual consiste en hacer complejo lo simple, y después uno descubre que el trabajo intelectual consiste en hacer simple lo complejo. Y un caso de simplificación no es una tarea de embobamiento, no se trata de simplificar para rebajar de nivel intelectual, ni para negar la complejidad de la vida y de la literatura como expresión de la vida. Por el contrario, se trata de lograr un lenguaje que sea capaz de transmitir electricidad de vida suprimiendo todo lo que no sea digno de existencia. Continuar leyendo «Sobre el arte de un escritor (Por Eduardo Galeano)»

Apuntes sobre el arte de escribir cuentos (por Juan Bosch)

El cuento es un género antiquísimo, que a través de los siglos ha tenido y mantenido el favor público. Su influencia en el desarrollo de la sensibilidad general puede ser muy grande, y por tal razón el cuentista debe sentirse responsable de lo que escribe, como si fuera un maestro de emociones o de ideas.

Lo primero que debe aclarar una persona que se inclina a escribir cuentos es la intensidad de su vocación. Nadie que no tenga vocación de cuentista puede llegar a escribir buenos cuentos. Lo segundo se refiere al género. ¿Qué es un cuento? La respuesta ha resultado tan difícil que a menudo ha sido soslayada incluso por críticos excelentes, pero puede afirmarse que un cuento es el relato de un hecho que tiene indudable importancia. La importancia del hecho es desde luego relativa, mas debe ser indudable, convincente para la generalidad de los lectores. Si el suceso que forma el meollo del cuento carece de importancia, lo que se escribe puede ser un cuadro, una escena, una estampa, pero no es un cuento.
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Poema 12 (Los Amantes)

Oliverio Girondo fue un poeta argentino que revolucionó la estética de su país, a través de una obra que incorporó las principales corrientes vanguardistas. Se convirtió en una de las principales figuras de la renovación literaria de los años veinte y treinta. Fue uno de los jóvenes miembros de la vanguardia poética argentina, junto al inmenso Jorge Luis Borges y Raúl González Tuñón.

A este autor lo descubrí en una de las tertulias literarias que organiza Cronopio | Café con Libros y de inmediato captó mi atención. El poema que quiero presentar en esta entrada se desprende de la colección «Espantapájaros» publicado en 1933. Veinticuatro versos endecasílabos, sencillos, pero potentes, con una pizca de erotismo, donde se esbozan las virtudes, las miserias y las fortunas de los amantes.

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.

Cecilia Picarín (Fragmento)

A continuación comparto un fragmento del relato de mi autoría «Cecilia Picarín», perteneciente a la colección inédita «Hijas de Lilith».

De continuar observando de cerca a Cecilia, esta vez profundizando un poco más, hubiese saltado de inmediato a la vista otro par de cualidades: lo atenta y servicial que era con todos los que la rodeaban. Jamás sus labios o sus gestos manifestaron objeción las muchas veces que le fue pedido un favor. Que si el desayuno, que si la comida, que si la merienda, que si un antojito, que si la lotería, que si la farmacia, que si la ferretería… A todo y a todos atendía con igual gusto y disposición. Trajinaba tanto de aquí para allá que se ganó el apodo Picarín, porque «picaba más que una pelota de pimpón». Ella, de su parte, también se refería a los demás de igual manera. Si se lo pedían, y numerosas veces hasta sin pedirlo, hacía esos trabajos de oficina que nadie quiere hacer: organizar las polvorientas pilas de cheques y facturas, revisar y organizar los cajones de archivos, mover cajas más pesadas de lo que cualquier otra mujer podría aguantar… La lista borda el infinito. Sin duda alguna, era una mujer de grandes virtudes. Huelga decir que las personas virtuosas esconden, por lo general, al menos un gran defecto. La inestabilidad emocional es el aludido en este caso. En los momentos difíciles se derrumbaba por dentro. Y para una mujer de su condición —que pasaba ya del medio centenar de años, que estaba cerca de jubilarse y no poseía ahorros importantes, que tenía dos hijos varones que aunque estaban en edad legal para trabajar dependían exclusivamente de sus ingresos, que convivió muchos años en unión libre con un hijo de puta que terminó abandonándola— resulta imposible negar que las dificultades formaban parte integral de la vida. Hacía grandes esfuerzos en guardar las apariencias, a pesar de que son muchos los problemas cotidianos que ya de por sí afectan a la clase trabajadora. En el caso que nos corresponde es debido sumar uno más. La ingenua Picarín había desarrollado un gran vicio. Uno que solo salió a flote cuando fue demasiado tarde. ¿Quién, en su sano juicio, hubiera percibido síntoma alguno de ludopatía en la siempre humilde, atenta y trabajadora conserje? Sin embargo, los fines de semana se le veía con devota regularidad en las instalaciones de un gran casino. Siendo este el principal motivo por el cual comenzó a endeudarse hasta más no poder.

Poema XII (Para mi corazón basta tu pecho)

Pablo Neruda (de origen chileno) es, sin temor a equivocaciones, el más universal de los poetas latinoamericanos, el autor con quien inmediatamente se relaciona la palabra poesía, y uno de los más destacados e influyentes artistas de su siglo. Gabriel García Márquez, coloso de la literatura latinoamericana, considera a Neruda como el más grande poeta del siglo XX no sólo en castellano sino en cualquier idioma.

Es por tal razón que quiero compartirles esta sublime creación poética perteneciente a la celebérrima colección Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.

Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.

Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.

Madrigal del Beso Impuro

Dr. Joaquín Balaguer

Hablar del Dr. Joaquín Balaguer, es hablar de una de las más trascendentes personalidades políticas de República Dominicana; afirmación irrelevante al fin que hoy me atañe. Al margen de sus actividades como estadista, destacó, asimismo, en la faceta de escritor y poeta. Como genial muestra de esta última, quiero compartirles uno de los poemas que más disfruté de la colección «La venda transparente«, el cual da título a la actual entrada. Sin más parafernalia, aquí les va, espero lo disfruten tanto como quien suscribe.

Besaré la noche sobre tus cabellos,
besaré la aurora sobre los destellos
de tu carne joven, de tu boca cruel,
en donde parece que sangra un clavel.

El beso que ansío tendrá tanta ardura
que a tus propios ojos parezca locura,
la pasión ardiente que agita mi ser
como si quisiera, con mi fiebre loca,
en sólo un minuto saciar en tu boca
la gama completa de todo el placer.

La boca escogida que besa la muerte
jamás otra boca la vuelve a besar,
así quiero darte mi beso más fuerte,
el beso que nunca podrás olvidar.

Ese beso único tendrá tal ternura,
y en su desenfreno será tan voraz,
que arderá en su llama la parte más pura
del ángel divino que asoma en tu faz.

Es que eres de fuego y en ti todo ama,
respiras amores con todo tu ser,
y vas por el mundo como viva llama,
como dulce incendio que todo lo inflama,
y eres mitad ángel y mitad mujer.

Joaquín Balaguer

Alma Música

Nicolás Guillén

Hace unos días escuché a mi profesor de literatura mencionar al poeta cubano Nicolás Guillén e incluso recitar unos versos, me sorprendió la musicalidad de aquellos versos y me di a la siempre interminable tarea de descubrir algunos de sus poemas. De aquel primer puñado el que más me cautivó y con el que más me identifiqué fue «Alma Música«, oda sublime a un ser que a pesar de las adversidades se niega perder su característica musicalidad. A continuación les comparto el poema, espero que lo disfruten:

Yo soy borracho. Me seduce el vino
luminoso y azul de la Quimera
que pone una explosión de Primavera
sobre mi corazón y mi destino.

Tengo el alma hecha ritmo y armonía;
todo en mi ser es música y es canto,
desde el réquiem tristísimo de llanto
hasta el trino triunfal de la alegría.

Y no porque la vida mi alma muerda
ha de rimar su ritmo mi alma loca:
aun mas que por la mano que la toca
la cuerda vibra y canta porque es cuerda.

Así, cuando la negra y dura zarpa
de la muerte destroce el pecho mío,
mi espíritu ha de ser en el vacío
cual la postrera vibración de un arpa.

Y ya de nuevo en el astral camino
concretara sus ansias de armonía
en la cascada de una sinfonía,
o en la alegría musical de un trino.

Nicolás Guillén