Contrasentidos

¿qué si me piensas con la piel?
¿qué si me miras con las entrañas?
¿qué si me acaricias con el alma?
¿qué si me mientes con tus verdades?
¿qué si desvistes mi desnudez?

porque si tu mente me piensa
porque si tus ojos me miran
porque si tus manos me tocan
porque si tus verdades son falsas
porque si me desnudas y no vuelves

las distancias se harán extensas
y las pasiones introvertidas
y los ríos de sangre lagunas
y las realidades distopías
y en vez de amores, nacerán heridas.

Jonathan Estrella

Ocaso Sideral

                    A Doña Ana Vásquez, in memoriam

La escuela me enseñó
que hay estrellas luminosas
estrellas oscuras
que hay estrellas enanas
estrellas masivas.

La poesía me enseñó
que hay estrellas altaneras
estrellas nostálgicas
que hay estrellas holgazanas
estrellas enamoradas.

Pero solo tu partida me enseñó
que hay estrellas sin vencimiento
que aún en su ocaso siguen
deslumbrando el firmamento.

Hoy abril se viste de luto
y el viento afligido pernocta en tu lecho
y una tropa de querubines se acongoja
y los ojos del mundo se desangran
y se estremece la noche sempiterna.

Porque fuiste de paz remanso
porque fuiste de amor madrigal
porque fuiste de fe el cimiento
porque fuiste de aguante constancia
porque fuiste de bondad catedral.

Porque fuiste en la borrasca ternura
porque fuiste en el desierto manantial
porque fuiste de las dolencias la cura
porque fuiste en invierno cobijo
porque fuiste tras la sequía temporal.

Fuiste… ¡No, tú nunca te fuiste!
Los seres de luz nunca se van
los seres de luz nunca nos dejan.

Jonathan Estrella

Vaivenes

Una cama, una sonrisa
dos amantes, sin salida
tres noches, una escapada
cuatro lunas, de cenizas
diez sombras, entre vaivenes
veinte, rebelión armada
cuarenta, mas no amanece.

Jonathan Estrella

Nunca dejes de soñar

Nunca dejes de soñar,
por favor no lo hagas nunca,
aunque las aguas te quemen,
aunque el vino amargo torne,
aunque las rocas se espanten,
aunque el viento mismo sangre,
aunque el sol sus rayos hiele
y la luna se suicide.

Nunca dejes de soñar,
por favor no lo hagas nunca,
aunque tu voz agonice,
aunque tus ojos se nublen,
aunque tus pasos se arrastren,
aunque tu corazón llore,
aunque tu alma más no brille
y tu mundo Hades devore.

Nunca dejes de soñar,
por favor no lo hagas nunca,
que tu pausa sea arrojo
y tus ruinas resiliencia:
por favor nunca te rindas,
por favor nunca sucumbas…

Esto llamado hoy real,
este presente tan cierto,
indiscutible y tangible
(unas veces tan perverso
y otras veces tan radiante,
pero siempre fascinante)
es producto de esos sueños
insistentes y obstinados,
negados a atrás marchar
y habitar el frío olvido.

Nunca dejes de soñar,
por favor no lo hagas nunca.

Jonathan Estrella

Poema de la musa insomne

Que límpida estás, allá en las alturas
¡oh eterna musa insomne!
con tus hebras de plata desvelada
revelándole a mis ojos de Sísifo
el sortilegio ancestral de las sombras.

Tanta es la hegemonía de monarca
que esta noche testaruda irradias
que no sé más si sigo aquí conmigo
o convertido en súbdito incansable
me fui por siempre a vagar contigo.

La ciudad antes ruidosa y ostentosa
ahora tan distante y taciturna
con grácil vuelo de alas recién nacidas
busca el nirvana prometido del profeta.

Y mientras tanto, un niche grupo
cuasi silente nombra las gotas de lluvia
que ya no caen, pero tu luz refleja
cual alfombra de nieve sobre el pavimento
y mi pecho…

Y de repente te escondes
y mis luceros cansados intentan suicidarse
porque sin tu luz ya no son más que lagunas
petrificadas por el gélido viento de las tinieblas.

A mi espalda el viento te nombra mil veces
y los felinos inventan otras mil voces humanas
que reclaman con impaciencia el infinito renacer
del centelleante sabor azul de tu semblante.

¡Resiste! ¡oh musa insomne! ¡resiste!
a este maldito ataque de gases plomizos
anunciante execrable de que volverá la lluvia
a caer sobre el pavimento fértil de angustias
y mi corazón…

Jonathan Estrella

Sobre el arte de un escritor (Por Eduardo Galeano)

El mío ha sido un largo camino hacia el desnudamiento de la palabra: desde las primeras tentativas de escribir, cuando era jovencito en una prosa abigarrada, llena de palabras que hoy me dan vergüenza, hasta llegar a un lenguaje que yo quisiera que fuera cada vez más claro, sencillo, y por lo tanto más complejo, porque la sencillez es la hija de una complejidad de creación que no se nota ni tiene que notarse.

Uno siente primero que el trabajo intelectual consiste en hacer complejo lo simple, y después uno descubre que el trabajo intelectual consiste en hacer simple lo complejo. Y un caso de simplificación no es una tarea de embobamiento, no se trata de simplificar para rebajar de nivel intelectual, ni para negar la complejidad de la vida y de la literatura como expresión de la vida. Por el contrario, se trata de lograr un lenguaje que sea capaz de transmitir electricidad de vida suprimiendo todo lo que no sea digno de existencia. Continuar leyendo «Sobre el arte de un escritor (Por Eduardo Galeano)»

Apuntes sobre el arte de escribir cuentos (por Juan Bosch)

El cuento es un género antiquísimo, que a través de los siglos ha tenido y mantenido el favor público. Su influencia en el desarrollo de la sensibilidad general puede ser muy grande, y por tal razón el cuentista debe sentirse responsable de lo que escribe, como si fuera un maestro de emociones o de ideas.

Lo primero que debe aclarar una persona que se inclina a escribir cuentos es la intensidad de su vocación. Nadie que no tenga vocación de cuentista puede llegar a escribir buenos cuentos. Lo segundo se refiere al género. ¿Qué es un cuento? La respuesta ha resultado tan difícil que a menudo ha sido soslayada incluso por críticos excelentes, pero puede afirmarse que un cuento es el relato de un hecho que tiene indudable importancia. La importancia del hecho es desde luego relativa, mas debe ser indudable, convincente para la generalidad de los lectores. Si el suceso que forma el meollo del cuento carece de importancia, lo que se escribe puede ser un cuadro, una escena, una estampa, pero no es un cuento.
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Poema 12 (Los Amantes)

Oliverio Girondo fue un poeta argentino que revolucionó la estética de su país, a través de una obra que incorporó las principales corrientes vanguardistas. Se convirtió en una de las principales figuras de la renovación literaria de los años veinte y treinta. Fue uno de los jóvenes miembros de la vanguardia poética argentina, junto al inmenso Jorge Luis Borges y Raúl González Tuñón.

A este autor lo descubrí en una de las tertulias literarias que organiza Cronopio | Café con Libros y de inmediato captó mi atención. El poema que quiero presentar en esta entrada se desprende de la colección «Espantapájaros» publicado en 1933. Veinticuatro versos endecasílabos, sencillos, pero potentes, con una pizca de erotismo, donde se esbozan las virtudes, las miserias y las fortunas de los amantes.

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.

8 Imprescindibles de la canción de autor dominicana

República Dominicana, país situado en el mismo trayecto del sol, desde tiempos inmemoriales ha contado con grandes cantautores que han puesto, y siguen poniendo, en lo más alto el nombre de la patria que Duarte soñó. En esta entrada, comparto las que a mi juicio han sido las canciones más trascendentales y emblemáticas del género de autor.  Ocho canciones, sin ningún orden en particular, que de una u otra forma se han impregnado durante generaciones en la memoria colectiva de la sociedad dominicana.

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Cecilia Picarín (Fragmento)

A continuación comparto un fragmento del relato de mi autoría «Cecilia Picarín», perteneciente a la colección inédita «Hijas de Lilith».

De continuar observando de cerca a Cecilia, esta vez profundizando un poco más, hubiese saltado de inmediato a la vista otro par de cualidades: lo atenta y servicial que era con todos los que la rodeaban. Jamás sus labios o sus gestos manifestaron objeción las muchas veces que le fue pedido un favor. Que si el desayuno, que si la comida, que si la merienda, que si un antojito, que si la lotería, que si la farmacia, que si la ferretería… A todo y a todos atendía con igual gusto y disposición. Trajinaba tanto de aquí para allá que se ganó el apodo Picarín, porque «picaba más que una pelota de pimpón». Ella, de su parte, también se refería a los demás de igual manera. Si se lo pedían, y numerosas veces hasta sin pedirlo, hacía esos trabajos de oficina que nadie quiere hacer: organizar las polvorientas pilas de cheques y facturas, revisar y organizar los cajones de archivos, mover cajas más pesadas de lo que cualquier otra mujer podría aguantar… La lista borda el infinito. Sin duda alguna, era una mujer de grandes virtudes. Huelga decir que las personas virtuosas esconden, por lo general, al menos un gran defecto. La inestabilidad emocional es el aludido en este caso. En los momentos difíciles se derrumbaba por dentro. Y para una mujer de su condición —que pasaba ya del medio centenar de años, que estaba cerca de jubilarse y no poseía ahorros importantes, que tenía dos hijos varones que aunque estaban en edad legal para trabajar dependían exclusivamente de sus ingresos, que convivió muchos años en unión libre con un hijo de puta que terminó abandonándola— resulta imposible negar que las dificultades formaban parte integral de la vida. Hacía grandes esfuerzos en guardar las apariencias, a pesar de que son muchos los problemas cotidianos que ya de por sí afectan a la clase trabajadora. En el caso que nos corresponde es debido sumar uno más. La ingenua Picarín había desarrollado un gran vicio. Uno que solo salió a flote cuando fue demasiado tarde. ¿Quién, en su sano juicio, hubiera percibido síntoma alguno de ludopatía en la siempre humilde, atenta y trabajadora conserje? Sin embargo, los fines de semana se le veía con devota regularidad en las instalaciones de un gran casino. Siendo este el principal motivo por el cual comenzó a endeudarse hasta más no poder.